No recuerdo haber odiado mi cuerpo de muy niña, ni tampoco haberlo amado. Sólo me cuerdo de haberlo habitado con la inocencia y la alegría naturales de la infancia. Más tarde, algo cambió ocurrió de forma gradual e insidiosa, como le pasa a mucha gente y mi cuerpo se convirtió en un hogar que yo ya no habitaba.

 

Para algunas personas, el fin de una relación sana y natural con su propio cuerpo se produce a consecuencia de un acontecimiento o experiencia traumáticos. Para otras, la propia adolescencia es traumática. Lo importante no es el origen del trauma sino los recursos con que uno cuenta para reparar el interior y residir nuevamente dentro de nosotros.

 

Muchas de las experiencias de nuestra vida nos convencen inconscientemente de que nuestro cuerpo no es bueno, ni digno de amor, ni siquiera importante... y la comida representa una huida al dolor y la confusión. El día de hoy vamos a desencadenar está historia.

MEDITACIÓN

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© 2018 by Fernanda Beltran