Existe la posibilidad de que, a estas alturas del curso, ya estés cansada. Posiblemente aún no hayas advertido el menor cambio en la báscula o en el espejo y hayas pensado que, dado el trabajo que llevas realizado, ya deberías empezar a advertir algún resultado. Tal vez salta a tu pensamiento ¿por qué no renunciar y listo?

 

¿Ves cómo funciona la mentalidad del miedo?

La mentalidad del miedo opera así en todos los casos. A una le dice que no vale la pena que acabe de escribir su novela, porque nunca lo conseguirá y, de todos modos, es mala escritora... según la mentalidad del miedo. A otra le insiste en que no se moleste en acudir a tal entrevista porque lleva demasiado tiempo sin trabajar y, en cualquier caso, las empresas sólo contratan a gente joven... según la mentalidad del miedo. A la de más allá le advierte que no tiene sentido tratar de arreglarse y tener buen aspecto, porque sea como sea carece de atractivo... según la mentalidad del miedo. En tu caso, la mentalidad del miedo parece estar obsesionada con el peso, porque tú lo estás.

 

No dejes que el hecho de haber dudado, de no haber perdido ni un kilo, de estar harta de las lecciones o cualquier otro sentimiento que tengas, te detenga. Todo ello forma parte del proceso. Y el éxito está garantizado.

 

Lo dicho no implica que a partir de ahora sólo vayas a vivir días felices. Una importante pérdida de peso es una experiencia profundamente transformadora; rompes una cadena que te aprisiona desde hace mucho tiempo, y es lógico pensar que algunas jornadas serán más duras que otras. No estás librando una batalla sólo física, sino también espiritual.

 

«Esto no es el fin. Ni siquiera es el principio del fin. Pero quizá sea el final del principio». De igual modo, este reto no acaba cuando llegas a la lección 21. Es un medio para perder peso, y también para mantener la pérdida. No estás haciendo el reto sólo para adelgazar sino, sobre todo, para convertirte en una expresión más radiante del ser humano que eres.

 

Para que tu cuerpo adelgace, tienes que expandir tu mente. ¿Qué esfuerzo puede ser más productivo que concederte un rato cada mañana y cada noche a acallar la mentalidad del miedo?.

 

Cada vez que haces algo bien (sin importar las dimensiones de tu victoria), estás reafirmando tu poder espiritual y recuperando el dominio de tu vida. Tanto si rechazas un helado como si te pones el pants para salir a correr aunque sea lo último que te apetece, has triunfado. Tus actos constructivos abren tu conciencia hasta en los menores actos o pensamientos rectos como: «Paso junto a la nevera y decido no abrirla»; «Prefiero no aturdirme con comidas procesadas porque elijo ser plenamente consciente de mi vida»; «Mi cuerpo es un templo sagrado y quiero alimentarlo con productos sanos y nutrientes«; «Mi espíritu está radiante y mi cuerpo lo refleja», refuerzan el proceso gracias al cual nuevos apetitos y nuevas pautas de conducta se manifiestan.

 

Haz lo posible por tener paciencia durante todo el proceso. Préstate apoyo a ti misma, mereces darte el mismo soporte que le ofrecerías a un amigo o a un familiar querido.

 

Alégrate ahora de que tu mente esté cambiando.

MEDITACIÓN

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