La comida nos apoya a reprimir las emociones que bullen en nuestro interior. Lo que diferencia a emociones de las de otras personas no es lo que sientes, sino como las procesas.

 

Sólo hay un modo de librarse del peso de unas emociones no elaboradas: concedernos permiso para experimentarlas. ¿Cómo vas a sentir plenamente algo que no puedes nombrar? Estoy triste, estoy avergonzada, estoy abrumada, me siento humillada, estoy enfadada, estoy asustada, me siento rechazada, me siento excluida, me siento traicionada, me siento engañada, me siento insultada, estoy desesperada, estoy nerviosa, me siento frustrada, me siento culpable, me siento sola... a menudo se traducen como: tengo hambre.

 

Desde luego que tienes hambre, pero no de comida. Las emociones requieren que las sientas, igual que los alimentos necesitan ser masticados. La psique debe digerir los sentimientos del mismo modo que el estómago digiere la comida.

 

Las emociones, aun las más dolorosas, tienen la función de decirte algo. Son mensajes que debes atender. Ahora bien, ¿cómo vas a atender algo si no sabes que está ahí? Los sentimientos deben ser reconocí dos y sentidos; en caso contrario, no podemos aprender de ellos, crecer con ellos, ni siquiera elaborarlos. Para resolver de forma holística tu problema de peso es importante que desarrolles un nuevo mecanismo con el cual afrontar las emociones incómodas.

 

No necesitas soportar el peso del mundo en tu espíritu ni en tu cuerpo. Puedes «aligerarte» porque el espíritu está contigo.

MEDITACIÓN

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